16 sep. 2018

Ayuda, recibí ingresos de terceros


Por épocas de presentación de declaraciones renta de personas naturales hay un fenómeno que genera mucha preocupación en algunos contribuyentes, esto es, cuando utilizo mi cuenta bancaria para recibir ingresos que corresponden a terceros, situación que es muy común en ciertos negocios jurídicos como los mandatos; también, cuando alguien me pide el favor que reciba en mi cuenta un dinero que le corresponde a él, o, simplemente porque estoy recibiendo dineros que no son de mi propiedad, por ejemplo, cuando un familiar del exterior envía remesas a su hermano para que él le transfiera ese dinero a los padres.

Desde el punto de vista tributario este tipo de transacción tiene 2 riesgos que llaman la atención, el primero, es que el deber formal de declarar no únicamente toma como referencia los ingresos, sino los movimientos bancarios, entonces, por ejemplo, si usted presta su cuenta de ahorros para recibir 20 millones que corresponden a su jefe, no podrá disponer de esos dineros dentro de su patrimonio porque no son suyos, pero, aun así, puede estar en la obligación de declarar impuesto de renta. Y segundo riesgo, y quizás el más peligroso, es que, si no se estructura adecuadamente jurídico, tributaria y contablemente este tipo de operaciones, para la DIAN será muy fácil presumir que es un ingreso para quien recibe los dineros inicialmente, y, además, a este le será muy difícil demostrar que no correspondían realmente a un ingreso propio.

Piense en algo, digamos que A le vende mercancías a B, cuando B le paga a A, A podría manifestar que está recibiendo un ingreso para un tercero que es C, y posteriormente, simulan una entrega de dineros de terceros de A a C, pero en realidad realizan una compraventa. De lo anterior, que puede ser algo complejo, pero que intenté simplificar, se puede apreciar que el origen de los pagos era B, pero pasaron por A sin generar un ingreso y terminaron en C; y en toda esa cadena transaccional hubo movimientos de inventarios que nunca se registraron, pero que efectivamente cambiaron de dueño al corresponder a ventas. Y eso, que la operación es mucho más sencilla cuando no hay movimientos de inventarios y se prestan servicios intangibles como sucede con los abogados y contadores.

¿Por qué ilustré el ejemplo? Simplemente para explicar lo fácil que puede ser defraudar al fisco utilizando la figura de ingresos de terceros, es decir, cualquiera que quisiera evadir podría manifestar fácilmente que el ingreso no es propio, sino de alguien más, y, por lo tanto, ese ingreso no podría ser gravado en su cabeza; es por esa razón, que la DIAN le pone lupa y persigue este tipo de transacciones, porque históricamente la han utilizado los contribuyentes para librarse de sus obligaciones. Además, porque tiene un agravante: las últimas reformas tributarias están presionando a los contribuyentes para que manejen sus operaciones y recursos por medio de entidades bancarias, ya que; con una transacción digital por medio de un sistema altamente regulado como el financiero es muy fácil hacer trazabilidad y seguimiento a las operaciones. Es más, las entidades financieras tienen el deber formal de reportar activamente de manera muy detallada, sin que la DIAN se lo pida, cada una de las transacciones de las personas que tienen productos o servicios financieros. ¿Entonces qué sucede?, que la entidad bancaria en la cual se recibe un ingreso de terceros va a reportar esa transacción como un pago sin que pueda distinguir: si es un ingreso de tercero, si no es un ingreso, si es un reembolso de capital o cualquier otro tipo de operación, ya que el banco no tiene información tan detallada para distinguir la naturaleza del hecho económico; entonces, cuando el banco reporta ese pago, se convierte en el insumo principal para que la DIAN presuma que ese sujeto está recibiendo un ingreso propio; en ese momento, es cuando la entidad pública va a pedir el contrato (para verificar la realidad de la transacción), la coherencia de deberes formales (retenciones, información exógena, facturación) y la contabilidad (que como la mayoría de personas naturales no está obligada a llevar se convierte en una desventaja probatoria a la hora de necesitarla), y todo lo anterior, raramente va a poder ser sustentado de manera idónea por el contribuyente, porque simplemente prestó su cuenta bancaria de buena fe, y no en pocas ocasiones, va a terminar pagando impuestos por ingresos que no eran suyos.

Algo similar sucede cuando presto mi cuenta bancaria para realizar pagos a terceros, por ejemplo, cuando el jefe le dice a su empleado que le transfiere unos recursos para que le pague a los proveedores, o, cuando un amigo le dice al otro: yo le pago todo a usted, pero usted reparte los recursos que corresponden a los demás. Ese solo pago inicial, la DIAN lo presume como un ingreso para quien inicialmente lo recibe.

Otros efectos en que podría redundar, es en temas de enriquecimiento sin causa o ilícito relacionado con lavado de activos, no es normal que una persona acostumbrada  a recibir transferencias bancarias por ciertos montos o promedios de un momento a otro reciba cifras desproporcionadas, lo que llama la atención de otras autoridades, porque vivimos en un país donde la gente utiliza todo tipo de argucias para legalizar ingresos de fuente ilícita. El tema de renta presuntiva es otro efecto, si esos dineros a 31 de diciembre del año en que se recibieron los recursos para el tercero, aún permanecen en cabeza de quien se prestó para recibirlos, tendrá que depurar la renta por medio de otro sistema que castiga la tenencia o acumulación inoficiosa de activos. Y por último, la UGPP estará al acecho, porque una de sus principales fuentes de fiscalización para aportes parafiscales son las declaraciones de renta de los contribuyentes, entonces, es muy probable que dicha entidad lo requiera para que cotice a seguridad social como independiente de acuerdo con los reportes que le entrega la DIAN; es decir, otro problema más.

La solución más conducente en estos casos es buscar el instrumento jurídico, contable y tributario que me permita articular la transacción de manera limpia en caso de que la autoridad requiera información; y que, en todo caso, no tendría sentido explicar en este artículo porque es algo complejo y técnico en lo cual me extendería demasiado, y, además, requiere asumir diversos deberes formales en materia tributaria que desvirtuarían el tema central de este artículo.

En materia tributaria si se quieren evitar realmente riesgos se requiere una adecuada y temprana planeación. Por estas fechas, es decir, al momento de declarar impuesto de renta, que alguien se esté preocupando porque recibió ingresos de terceros, podría haber alternativas mínimas y menos ortodoxas para evitar que se presuman que son ingresos propios, pero ya es a otro precio, pues los riesgos son más altos.

Para finalizar, la recomendación a personas naturales es que, si no es necesario, es mejor abstenerse de prestarse para este tipo de transacciones, que en la mayoría de los casos parten de la buena fe, pero que verdaderamente le pueden generar un gran dolor de cabeza que puede tomar años en demostrar lo contrario o, que definitivamente no va a tener como desvirtuar. O la otra alternativa, es asesorarse y blindar la operación desde el principio; la peor decisión que puede tomar es dejar este tipo de operaciones al azar. Muchos contadores, defienden a ultranza este tipo de transacciones donde se reciben ingresos de terceros, incluso pese a no haber contabilidad, ni el instrumento jurídico adecuado, argumentando que con el simple soporte contable es suficiente, pero yo les pregunto, ¿qué necesidad había de recibir ingresos de terceros, sabiendo que es una transacción que llama la atención de las autoridades, que no se estructuró adecuadamente y, además, conociendo las ya expuestas dificultades probatorias que implica?; hay que ser prácticos y estratégicos, uno discute con la DIAN cuando hay cuantiosos recursos a favor en juego, no simplemente para demostrar algo que se puede evitar y, que además, debo después de un complejo proceso convencer a la DIAN de que esos recursos simplemente eran de alguien más, ¿qué gano yo con eso?, ¿acaso no tiene nada más que hacer qué discutir con la DIAN y generar conflictos sin necesidad? ("La estrategia de cuando generar un conflicto tributario"); ¿acaso no era más fácil sonrojarse y manifestar que, si no era necesario no iba a prestar su cuenta bancaria, como persona natural, para recibir ingresos de terceros?; sobretodo, cuando corresponden a valores que lo ubican en posición de declarar renta o, son valores que exceden su promedio de movimientos bancarios.