16 dic. 2018

La disminución de impuestos en Colombia es un sofisma económico


En este nuevo proyecto de reforma tributaria (2018) se crean una serie de concesiones a las grandes empresas y a las grandes inversiones con el objetivo de atraer la inversión extranjera, pero ¿hasta qué punto eso es cierto en la práctica?

Reducir la tarifa nominal de impuestos, como pretende el actual gobierno, no necesariamente aumenta la inversión, ni promueve la economía y tampoco la generación de empleo. Los empresarios miran otros aspectos integrales para una inversión, analizan todo un entorno favorable que no necesariamente se limita a impuestos, como:

  • Infraestructura que permita transportar sus insumos y productos terminados con eficiencia y ahorro de costos.
  • Puertos marítimos de primer nivel que les permiten tener acceso a mercados globales; seguridad jurídica que les permite tomar decisiones más acertadas para su negocio.
  • Prontitud para resolver sus controversias judiciales que les permite reducir la incertidumbre de la inversión.
  • Control a la evasión, informalidad, piratería y contrabando que les permite competir en las mismas condiciones de los demás.
  • Control a los monopolios y a la competencia desleal que les permite tener las mismas oportunidades en el mercado.
  • El nivel de profesionalismo de sus habitantes para conseguir mano de obra calificada.
  • El nivel de satisfacción de derechos fundamentales como: vivienda, salud y pensión que permite al empleado desarrollar en condiciones humanitarias su trabajo.
  • Transporte público eficiente que le permite a sus directivos y empleados aumentar eficiencia y productividad en el desarrollo de su trabajo.
  • Situación de orden público que les permite reducir los riesgos de inversión.
  • Control a la corrupción que les permite acceder a licitaciones en las mismas condiciones de los demás.

Tomando como parámetros los aspectos anteriores podríamos asegurar sin mucho esfuerzo que Colombia obtiene una baja calificación en la mayoría, entonces, reducir los impuestos en nuestro caso solo beneficiará a los accionistas de las empresas ya constituidas; la realidad es que Colombia no es un país atractivo para la inversión, porque mientras no se tomen decisiones integrales y transversales en la sociedad y la política, los esfuerzos aislados por mejorar tendrán impactos mínimos en la economía.

Constantemente nos gusta compararnos con las economías extranjeras de la región más sobresalientes, manifestando que como dichos países redujeron su tarifa de impuesto de renta, Colombia también lo debe hacer para no perder competitividad. Pero lo que nos dicen es que, en su mayoría, son países que hace años adoptaron políticas integrales para sacar adelante sus economías (Perú, Ecuador, Brasil, Costa Rica, Panamá, Chile). En Perú, por ejemplo, una persona independiente puede liquidar y pagar de manera autónoma en pocos minutos su impuesto de renta mediante un aplicativo móvil; en Colombia hasta el más pequeño de los contribuyentes necesita la asesoría de un profesional para presentar una declaración de renta, porque ninguna reforma hasta ahora ha podido simplificar el proceso.

En parte, los resultados que arrojan las principales calificadoras de riesgos crediticios internacionales como Standard and Poor's, Moody's Investors Services o Fitch Ratings van en el mismo sentido, es decir, responden a la pregunta: ¿qué riesgos objetivos tiene un capitalista de llevar la inversión a determinado lugar? Es lo mismo que analiza a menor escala una persona que desea adquirir un establecimiento de comercio en nuestro entorno: ¿está ubicado en un sitio comercial?; ¿en qué estado está la fachada?; ¿dónde está la competencia más cercana?; ¿existe acceso de vehículos para mis proveedores y clientes?; ¿qué tan lejos esté el cajero automático?; hay rumores de que una banda organizada está hurtando las pertenencias de las personas en la esquina, ¿si me conviene ubicarme aquí?; ¿aquí hay bandas de extorsionistas que "vacunen"?; ¿hay estación del Metro cercana?; entre muchas otras cosas. Como vemos en el ejemplo, el potencial adquiriente no centra sus intereses exclusivamente en impuestos, finalmente los impuestos son gastos que hacen parte de la estructura intrínseca de una actividad donde se busquen utilidades, es decir, el mismo negocio debe tener capacidad para absolverlos porque son costos fijos; pero, por ejemplo, ¿usted cómo lidia con carreteras en mal estado?, ¿con grupos al margen de la ley extorsionando?, ¿con un sistema judicial altamente corrupto? Hay inversionistas extranjeros que han traído su capital a rentar por periodos de 5 años, pero se demoran 8 años en el país afrontando conflictos judiciales en el paquidermo sistema de justicia colombiano (sobretodo en las materias de la jurisdicción administrativa), eso no tiene ningún sentido, las personas invierten capital para maximizar su rentabilidad no para lidiar con problemas sin solución oportuna.

En conclusión, los grandes beneficiados de las concesiones tributarias que actualmente se están planteando serán los mismos que ya están establecidos, ya que un inversionista debe tener una razón muy poderosa para traer su capital a Colombia sabiendo todas las dificultades que enfrentará, por ejemplo, márgenes de utilidad exponenciales como sucede en la explotación minera y petrolera, por eso es quizás el único rubro de la inversión nacional que sigue siendo atractivo a pesar de todo.